La mayoría de los cientos de polacos que llegaron a León en 1943 eran católicos y unos cuantos bautistas. Pero en el mismo contingente había arribado un grupo de 27 judíos que escapaban de la persecución nazi.
Algunos de ellos llegaron a León ocultando su religión, para evitar actos antisemitas en un país profundamente católico.
El Joint Distribution Committee –JDC, la mayor organización filantrópica judía en el mundo- realizó una aportación monetaria para que en el contingente que salió de Irán con destino al refugio de León, se incluyera a judíos que escapaban de la persecución de los nazis. Sin embargo, pocos atendieron al llamado.
Las historiadoras Gloria Carreño y Celia Zack lograron documentar el arribo a León de 27 judíos. En su investigación ‘El convenio ilusorio’, que les tardó cinco años en concluir, documentaron que en el campamento de Santa Rosa hubo polacos católicos que agredían a los judíos, en una actitud intolerante por su religión.
Incluso –según las historiadoras- las actitudes antisemitas hacia este grupo empezaron desde Bombay, al inicio del viaje hacia México.
El acoso fue descrito por los judíos en una carta que enviaron al representante del Consejo Nacional Polaco en Londres. Carreño y Zack mencionan que la noticia del maltrato a judíos en León se hizo pública el 3 de julio de 1943, en Der Weg, periódico de la comunidad ashkenazí en México, escrito en Idish.
Incluso –siempre según las historiadoras- en el campamento hubo algunos judíos golpeados y amenazados con cuchillos.
En una ocasión, los dormitorios de los judíos fueron apedreados y pintarrajeados con suásticas, como las de los nazis.
En víspera de las fiestas de Rosh Hashaná y Yom Kipur (Año Nuevo y Día del Perdón, principales celebraciones judías) la habitación que les servía para rezar fue llenada de piedras, lodo y excremento de vaca.
Todo lo anterior obligó a que las organizaciones judías en México intervinieran para que este grupo pudiera salir de León. Ninguno se quedó a residir en la ciudad.