No es fácil establecer si se conocieron, pero el mexicano Carlos Slim y el estadounidense Gerald Cantor tienen historias parecidas. Ambos fueron hijos de migrantes modestísimos y terminaron encumbrados, toda proporción guardada, en el peldaño más alto de sus respectivos negocios.
Algo más termina por establecer una afinidad entre el fundador de la firma financiera Cantor Fitzgerald y el mandamás de Telmex (y otros negocios): ambos son consumados fans de Auguste Rodin y establecieron dos de las colecciones más importantes del escultor francés en el continente americano.
Coincidencia adicional. Ambas colecciones no se quedaron en la sala familiar de sus recopiladores, sino que nutren sendos museos a ambos lados del río Bravo: el Soumaya, en la Ciudad de México y el Museo de Arte de Carolina del Norte (NCMA, por sus siglas en inglés), en Raleigh.
Con una historia iniciada en 1924, cuando se formó la Sociedad de Arte de Carolina del Norte que adquirió los primeros acervos del museo, la institución abrió su primera sede permanente en 1956, la céntrica calle Morgan, aunque las necesidades de espacio obligaron a su mudanza en 1983, a su edificio actual, diseñado por Edward Durrell Stone (1902-1978) y ubicado en la periferia de Raleigh, muy cerca de la extensa zona boscosa del Parque Estatal William Umstead.
El edificio de Stone, una estructura modernista recubierta con ladrillo, de 17 mil metros cuadrados de superficie, fue planteado como una experimentación espacial que tenía al cuadrado como su forma básica, la cual fue manipulada de diversas formas en las distintas zonas del inmueble. Vale recordar que el proyecto de Stone era mucho más extenso, pero la crisis económica de finales de los setentas y la muerte del arquitecto, hicieron imposible realizarlo tal y como había sido planeado.
Al inicio trunco, había que añadirle ese incesante toma y daca entre el crecimiento de los acervos de los museos y el espacio disponible, lo que obligó a que en 2007 se iniciaran las obras de ampliación del NCMA, que fueron encomendadas por concurso al despacho de Thomas Phifer y Asociados, un ex colaborador de Richard Meier que estableció su propia firma en 1996, en la que ha emprendido proyectos como la restauración del Castillo Clinton, en Nueva York o la nueva sede de las Cortes Federales en Salt Lake City.
Crecer con gracia
La ampliación de Phifer, inaugurada en abril del año pasado, agregó 11 mil 800 metros cuadrados de infraestructura al NCMA, incrementando en un 54% el espacio disponible para la colección permanente; 45% el área de exposiciones temporales y en 90% la de almacenaje. En total, se agregaron 6 mil metros cuadrados de espacio expositivo.
La conexión entre la arquitectura y el mundo natural, que Phifer y Asociados han esgrimido como uno de sus sellos de casa, es la que los responsables del NCMA vislumbraron como el mayor atractivo del proyecto. “Creo que les interesó la forma en que absorbemos el mundo natural dentro de nuestros edificios, las estrategias que usamos para trazar interiores naturales, para que los edificios comuniquen la presencia de lo natural dentro de sí”, explica el arquitecto.
No hay muchos museos que, como el NCMA, estén emplazados en medio de extensas zonas naturales. Ese ingrediente fue tomado a favor por los arquitectos, cuyo mayor reto fue “unificar los distintos elementos, las piezas existentes y planeadas de un rompecabezas, en una forma bella y apropiada. Sin ser absorbidos por ellas, pero tampoco competir”, señala Phifer.
El nuevo edificio, específicamente pensado para la extensa colección permanente del NCMA, se propuso mostrar ese acervo familiar para muchos de sus visitantes, de una forma nueva y fresca. Ello fue logrado a través de extensas galerías que ceden todo el protagonismo a las obras de arte y una inundación de luz natural, que se filtra desde el techo a través de cientos de tragaluces ovalados, en cuyo diseño se incorporaron distintas capas traslúcidas para evitar el paso de las radiaciones dañinas.
El interior también fue pensado para exaltar esa experiencia de redescubrimiento de lo conocido, con una orquestación del espacio de forma continua, en la que, en vez de salas cerradas, cada galería tiene al menos una esquina totalmente abierta para invitar a un movimiento fluido, siendo delineadas principalmente por mamparas que no llegan a tocar el techo.
Debido a que visitar la colección permanente del NCMA no tiene costo, el diseño hizo innecesarios los puntos de chequeo normales, y en lugar de ello anima a los visitantes a sumergirse en las galerías de un modo más informal, sin pasar por una gran entrada central. La gente puede transitar libremente por las galerías y salir hacia los patios escultóricos y jardines adyacentes por múltiples puntos.
Reflejos de metal
De un modo parecido a lo que hizo Stone en el edificio original, Thomas Phifer juega con una forma básica para delinear la planta del edificio: un extenso rectángulo, labrado para abrir dentro de él cinco huecos que enmarcan 3 patios, algunos con espejos de agua, y un par de corredores, que ayudan a ampliar la presencia del paisaje natural desde el interior.
Ahí donde los patios inciden en el volumen principal, los muros blancos ceden su lugar a muros cortina tamizados con capas de cortinas de distintos grosores, que modulan el paso de la luz natural y sugieren, más que mostrar explícitamente, el entorno exterior.
La ampliación, en el lado oeste del campus del museo, contrasta tanto en tamaño, como en materiales, con el edificio original de Stone, pues el nuevo es de una sola planta y en lugar de ladrillo, está recubierto con paneles de aluminio anodizado, tratados para tener una textura mate dispuestos de manera parecida a las placas de un armadillo. Esa piel metálica le permite al edificio entablar una conversación con el paisaje, capturando tenuemente los colores y movimiento del exterior.
El proyecto de ampliación incluyó también la renovación del edificio original, el crecimiento de acervos (con varias esculturas de gran formato emplazadas junto al nuevo edificio) y una manita de gato al edificio original de Edward Durell Stone, que se dedicará ahora a las exposiciones temporales, eventos especiales y las oficinas del museo.
Con información de: NCMA, ArchDaily y AIA.