Son los más insultados en los partidos de futbol, los que menos reconocimiento obtienen, los que en un deporte donde la fama abunda deben permanecer en el anonimato para que su trabajo sea bien visto.
Ellos son los árbitros, aquellos que decidieron seguir su vocación con todo y que desde el principio lleven las de perder, cuya obligación es impartir justicia, pero que muchas veces están en el ojo del huracán por sus decisiones, los únicos que pocas veces despiertan respeto en el aficionado.
Y con todas esas desventajas, ¿por qué una persona decide ser árbitro y aspirar al profesionalismo y cómo llega a él?
“Mucha gente piensa que son futbolistas frustrados, pero creo que no. Un árbitro nace porque hay que tener muchas cualidades: morales, intelectuales, físicas y técnicas, independientemente de que deberá tener valor”, dijo Bonifacio Núñez, quien de 1980 a 1996 se desempeñó como colegiado profesional.
“Boni”, como se le conoció durante su etapa en el profesionalismo, fue uno de los silbantes más destacados de su generación. Se caracterizó por interpretar adecuadamente el espíritu de la regla, por ser un hombre férreo al que no le tembló la mano para sancionar a los jugadores, ya fueran estrellas o de bajo perfil, por saber controlar los partidos en la mayoría de las ocasiones.
“Se debe tener el espíritu de justicia, perseverancia, una disciplina a prueba de balas, un apostolado, es decir, servicio, porque cuando un árbitro inicia, por lo regular no gana dinero, prácticamente su carrera es un tanto sacrificada, sobre todo en el futbol amateur, pagan muy poco”.